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Mas vale tarde que nunca

En un destello de iluminación, la cámara de diputados aprobó un proyecto de acuerdo en el que se propone que el estado prefiera adquirir software libre en desmedro del software privativo.

Para situarnos en contexto, el estado de Chile gasta cerca de 30 mil millones de pesos al año en licencias de software. Lo que no sería en absoluto problema si no hubiera mas alternativa que pagar dichas licencias. El absurdo empieza a asomar cuando nos enteramos que existen variadas alternativas al software propietario, equivalentes en cuanto a calidad (y en algunos casos mejores), y a costo cero.

Logo Linux

¿Existe esta maravilla? Pues claro, existe, y de hace muchos años, se llama “Software Libre”. El software libre nace hace un tiempo ya como fruto del esfuerzo y trabajo colaborativo de muchos desarrolladores a través del mundo que aportaron con sus conocimientos y habilidades para construir aplicaciones que fueran alternativa al software privativo y de pago. Inspirados en el principio de que el conocimiento humano no puede ser un bien transable en el mercado, estos desarrolladores crearon -y siguen creando- no solamente software sino también toda una corriente filosófica que habla de la libertad en relación al software.

¿Qué relación tiene el software con la libertad? Mucha, veamos. Cuando pirateamos un window$ para instalarlo en el computador de la casa, o un MSOffice, nos convertimos en delincuentes, estamos transgrediendo la ley de propiedad intelectual. Es mas, incluso si pagamos por su licencia, en algunos casos también transgredimos las leyes, ya que está expresamente prohibido su uso en paises como Cuba y Venezuela (y los que tengan conflictos con EEUU, lean la letra chica). Por el contrario, cuando usamos software libre, no violamos ninguna ley, ya que este software nos provee de 4 libertades fundamentales:

Libertad 0: Libertad de ejecutar el programa con cualquier propósito.
Libertad 1: Libertad de conocer cómo está construido y cómo funciona el programa, así como también poder modificarlo a mi antojo. Para esto es indispensable el acceso al código fuente del programa.
Libertad 2: Libertad de redistribuir copias para ayudar al prójimo.
Libertad 3: Libertad de distribuir copias de mis versiones modificadas.

Volvamos a la importancia del gesto de los “honorables”. No sólo la libertad es la que diferencia a un tipo de software del otro. Sino también algo muy importante: el precio. El software privativo, es pagado. El software libre es gratuito. Técnicamente, el software privativo, típicamente window$, tiene muchas falencias. Todos habrán tenido la experiencia del famoso pantallazo azul o de tener que reiniciar la máquina cada cierto tiempo. Pues bien, en la alternativa a window$, las distintas distribuciones de Linux, esto prácticamente no ocurre. Si técnicamente ambos software son equivalentes o incluso uno mejor que el otro, ¿por qué el estado de Chile siempre ha optado por adquirir software de pago?

La principal empresa proveedora de software al estado de Chile es Microsoft, una gigante. Su dueño, uno de los hombres mas millonarios del planeta. ¿Por qué las escuelas de sectores marginales, con presupuestos exiguos, deben comprarle licencias de software al millonario? ¿Por qué los consultorios que también cuentan con problemas presupuestarios, deben comprarle licencias de software a esta gigante? Podría dar varios absurdos ejemplos mas. No hay razón alguna.

Muy bien por esta iniciativa de los parlamentarios, ojalá avance hasta concretarse, para al menos en algo ir dejando este hábito de lo absurdo.